"Las paradojas de la aceleración son muchas, desconcertantes; en particular, la primera de ellas: al acercar lo "lejano" aleja proporcionalmente de lo "próximo", del prójimo, de amigo, del pariente, del vecino, trasformando así en extraños, e incluso en enemigos, a todos los que se encuentran en la proximidad?" Paul Virilio
Me surge una gran pregunta acerca del tiempo, del tiempo en que vivimos y del tiempo lineal en que transcurre nuestra vida, nuestro estar, nuestro ser.
Podríamos decir que todas las cosas tienen una velocidad, que es aquella con la cual hacemos el recorrido ontológico, la velocidad en la cual el devenir se transforma en movimiento constante evolutivo, pasándo de un estado evolutivo X a otro superior Y.
Podemos agregar a esto ciertos comportamientos cíclicos, por ejemplo las plantas desde su "nacimento" crecen hasta alcanzar sus máximas posibilidades, y en ese transcurso (el que sucede a una cierta velocidad) pasan cíclos de florecimiento, germinación, etc. En este caso podríamos calcular la velocidad de desarrollo mediante una observación permanente y con rigor científico.
Sin embargo, ¿cual es la velocidad del ser?, ¿a qué velocidad evoluciona el ser?...
La incoporación de la tecnología nos ha ido desconectando de esta velocidad, ya que como lo advierte Virilio, nos estamos hiperinmovilizando. Los objetos no tienen velocidad, los artefactos no tienen velocidad, simplemente tienen vida útil, la cual se puede prolongar mediante arreglos, sin embargo siempre serán lo que son desde que fueron concebidos.
En ese sentido, ¿no es diametralmente opuesta la situación en el caso del ser?. Sería obtuso no reconocerlo. El "ser tecnológico" no es un artefacto, el ser no es maquinizable, no es individualizable, y es en ese espacio donde se nos ha perdido el ser, al entrar en la confusión con el artefacto, al maquinizar al ser humano en teorías de producción, productividad, capital, etc, como un factor más en la cadena de producción.
Debemos reconocer que nuestro olvido del ser nos ha llevado a no reconocer su velocidad, nuestros ojos y nuestro contexto no tienen la capacidad de distinguirla y es en ese contexto que el ser desaparece, nuestra sincronía con los artefactos hace que no sintamos la velocidad del ser, nos desconecta y reconecta con el artefacto, nos "enchufa" y nos prendemos y apagamos pensando que esa es nuestra velocidad.
El volver a conectarse con la velocidad intrínsica del ser implica una vuelta a la comunidad, al otro, a lo local, que es el espacio donde esa velocidad ocurre, pero por sobre todo una vuelta al ser como devenir, al ser como fenómeno escencialmente colectivo, en el cual lo que me pasa "nos pasa", en el cual existe un "nosotromos" como unidad sistémica. Me (nos) permite entrar en la profunda gratitud de encontrar (en lo colectivo) el sentido al existir.
Podríamos decir que todas las cosas tienen una velocidad, que es aquella con la cual hacemos el recorrido ontológico, la velocidad en la cual el devenir se transforma en movimiento constante evolutivo, pasándo de un estado evolutivo X a otro superior Y.
Podemos agregar a esto ciertos comportamientos cíclicos, por ejemplo las plantas desde su "nacimento" crecen hasta alcanzar sus máximas posibilidades, y en ese transcurso (el que sucede a una cierta velocidad) pasan cíclos de florecimiento, germinación, etc. En este caso podríamos calcular la velocidad de desarrollo mediante una observación permanente y con rigor científico.
Sin embargo, ¿cual es la velocidad del ser?, ¿a qué velocidad evoluciona el ser?...
La incoporación de la tecnología nos ha ido desconectando de esta velocidad, ya que como lo advierte Virilio, nos estamos hiperinmovilizando. Los objetos no tienen velocidad, los artefactos no tienen velocidad, simplemente tienen vida útil, la cual se puede prolongar mediante arreglos, sin embargo siempre serán lo que son desde que fueron concebidos.
En ese sentido, ¿no es diametralmente opuesta la situación en el caso del ser?. Sería obtuso no reconocerlo. El "ser tecnológico" no es un artefacto, el ser no es maquinizable, no es individualizable, y es en ese espacio donde se nos ha perdido el ser, al entrar en la confusión con el artefacto, al maquinizar al ser humano en teorías de producción, productividad, capital, etc, como un factor más en la cadena de producción.
Debemos reconocer que nuestro olvido del ser nos ha llevado a no reconocer su velocidad, nuestros ojos y nuestro contexto no tienen la capacidad de distinguirla y es en ese contexto que el ser desaparece, nuestra sincronía con los artefactos hace que no sintamos la velocidad del ser, nos desconecta y reconecta con el artefacto, nos "enchufa" y nos prendemos y apagamos pensando que esa es nuestra velocidad.
El volver a conectarse con la velocidad intrínsica del ser implica una vuelta a la comunidad, al otro, a lo local, que es el espacio donde esa velocidad ocurre, pero por sobre todo una vuelta al ser como devenir, al ser como fenómeno escencialmente colectivo, en el cual lo que me pasa "nos pasa", en el cual existe un "nosotromos" como unidad sistémica. Me (nos) permite entrar en la profunda gratitud de encontrar (en lo colectivo) el sentido al existir.
* Jet Lag: Los viajes a través de múltiples regiones horarias alteran el ritmo circadiano normal. Debido a que la luz del sol ajusta el reloj biológico, la exposición a la luz brillante del atardecer retrasa el momento normal del sueño, y la luz del amanecer avanza el reloj biológico (el momento de dormir es más temprano de lo normal).
















Nunca había reparado en la idea de que la velocidad pudiera estar inmersa dentro de la conciencia del ser. Todavía tengo que masticarlo un poco más.
Sin embargo me hizo mucho sentido el concepto de "tiempo lineal".
Creo que tratando de explicar el ser desde el "devenir", desde le "hacer", entonces soy lo que hago. Y si le pongo temporalidad, soy lo que he hecho, lo que hago y lo que haré. Al mismo tiempo, creo que el ser transcurre en un eje de tiempo lineal, cuando la persona vive su ser, sin tener mayor conciencia del "estar" en el presente. Así, las cosas, los actos, y la vida van pasando sin una mayor degustación de lo experimentado. Con esto, la persona asume que el tiempo sólo transcurre hacia un futuro deseado.
Pero cuando existe algún grado de conciencia de la importancia del "estar !!ahora ya!!!!, las experiencias transcurren en un tiempo NO lineal, sino más bien en una recta ondulada, con características cóncavas y convexas en su longitud, en donde la persona que tiene la capacidad de estar en los tres estados de tiempo, puede luego mirar hacia el pasado y estirar la línea, tomando conciencia de que vivió “muuuuchas cosas” en poco tiempo.
Ejemplo de esto es cuando yo salgo de vacaciones. Al volver, tengo la impresión de que en 10 días hice muchas cosas, puedo relatar miles de acciones realizadas, que en suma, parece que hubiera vivido más que en los 10 días anteriores.
La línea ondulada es lejos más larga.
Abrazos.